La tradición europea, que fue heredada por
América Latina, pone a las universidades y las empresas económicas en polos
opuestos. Según esta tradición, las empresas tienen por objetivo la ganancia
monetaria, mientras las universidades se dedican a la búsqueda del conocimiento,
de la educación y de la cultura; las empresas tienen una lógica de corto plazo,
mientras que las universidades tienen la perspectiva de los siglos. A la
empresa no debe importar el producto que venda, desde que obtenga lucro; a la
universidad no debe importar el costo que tenga, desde que su producto tenga
calidad en términos educacionales, científicos o culturales. Esta visión
dicotómica y maniqueísta de oposición entre la lógica de las universidades y la
lógica de las empresas ha servido de fundamentación para la exigencia,
existente en muchos de nuestros países, de que las instituciones educacionales
privadas sean de tipo "no lucrativo", así como para que la educación
sea ofrecida sin ningún tipo de pago por parte de los estudiantes. Esta visión
ha también fundamentado la política de muchas universidades de rechazar, o por
lo menos mirar con desconfianza, la realización de proyectos de investigación
asociados al sector privado.
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