El factor más evidente en esta transformación es la
limitación presupuestaria de los gobiernos, ante la demanda creciente de costos
de los sistemas de educación superior. En el pasado, cuando la educación
superior no atendía sino a cinco o menos por ciento de la población, era posible
suponer que los recursos para la educación superior seguirían siempre
existiendo, y que las universidades podrían continuar a no preocuparse con la
eficiencia de su trabajo o con la recuperación de costos de sus operaciones
Para expresar los propósitos educativos, según recomienda The Concepts and
Methods of the Competency Outcomes and Performance Assessment,4 es preferible
utilizar, en vez del vocablo tradicional “objetivos”, el término más actual
“resultados”, porque define con mayor claridad las metas del aprendizaje y las
prácticas básicas y avanzadas de la disciplina. El término objetivo implica
intención y el término competencia implica resultado. “Resultados” son los
frutos que se obtienen, el final del producto, el foco de todas las actividades
relacionadas; requieren que se hayan construido competencias y desarrollado las
habilidades que les conciernen, además de que el estudiante se haya
comprometido y hecho competente en las habilidades que utilizará en su práctica
profesional. El término objetivos tradicionalmente ha sido utilizado como un
enfoque a los modos del aprendizaje y a la orientación del estudiante para que
aprenda contenidos. Así, por lo común, el vocablo no refleja las habilidades
relacionadas con la práctica ni tampoco muestra el desempeño para cuya
ejecución fue necesario que el alumno aprendiera los contenidos (Lenburg et
al., 1995).
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