viernes, 9 de agosto de 2013

Participacion de las Universidades y Empresas en el Sistema.


Hay mucho que decir en favor de este sistema, que garantiza la participación de los diferentes segmentos de las universidades en la administración de sus instituciones, y da a los puestos dirigentes la legitimidad asociada a las carreras, en general distinguidas, de sus titulares. Sin embargo, hay también grandes problemas, que se han tornado más serios en los últimos años. Por su naturaleza, estos sistemas basados en jerarquías complejas de consejos deliberativos son poco eficientes para administrar instituciones con la complejidad que es típica de las universidades modernas. Las decisiones son lentas, las personas en puestos de decisión no tienen formación administrativa, y los administradores no tienen legitimidad para tomar decisiones. Estos sistemas se hacen especialmente problemáticos cuando es necesario aumentar la eficiencia, reducir costos y buscar recursos externos más allá de los presupuestos regulares de las universidades. No es difícil entender por qué. Reducir costos significa perjudicar a alguien, de la misma manera que buscar recursos adicionales significa privilegiar a los que tienen más capacidad de conseguirlos; en los dos casos, son comportamientos de difícil aceptación en instituciones gobernadas por colegiados adonde todos los intereses están igualmente representados. Los problemas con este tipo de gestión colegiada se tornan aún más serios cuando la participación de estudiantes, empleados y profesores de baja jerarquía académica termina por hacer con que los valores universitarios sean abandonados en favor de una lógica de intereses de grupo de corto plazo. Por todas estas razones, hay argumentos fuertes en el sentido de que las universidades latinoamericanas debiesen adoptar estructuras administrativas de tipo gerencial, semejantes a las de las empresas, y también la práctica de buscar sus ejecutivos en otras instituciones o empresas, y no más entre sus propios miembros. Un cambio como este no podría hacerse sin una alteración profunda de la lógica política e institucional de las universidades, ya que implicaría en una transición efectiva de poder. En los Estados Unidos, las administraciones universitarias responden a cuerpos externos a las instituciones (boards of regents, boards of trustees, o estructuras semejantes), que no existen en el caso de América Latina, ni mismo en las instituciones privadas.

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