Un tercer factor en la aproximación entre las
universidades y las empresas económicas tiene que ver con el contenido mismo de
la actividad universitaria, tanto en relación a la formación profesional cuanto
en relación a las actividades de investigación. En la tradición europea, la
oposición entre universidad y empresas económicas era congruente,
históricamente, con los profesionales que las universidades formaban. Los
productos típicos de las universidades tradicionales eran los clérigos,
profesores de nivel secundario, empleados públicos o "profesionales
liberales", que típicamente se presentan a la sociedad como prestadores de
servicios que no tienen precio, aunque merezcan, naturalmente, sus
"honorarios". En Inglaterra, los términos "clergy" y
"clerk" son históricamente asociados a la noción de
"scholarship", trabajo académico, sacerdocio religioso y actividad
gubernamental burocrática. En Francia, las Grandes Écoles, que son la cumbre
del sistema universitario, se dedican a la formación de cuadros para el Estado;
y la asociación histórica entre la Universidad alemana y el Estado es muy
conocida, sobretodo a través de la obra reciente de Fritz Ringer. Los burgueses
no mandaban sus hijos a las universidades inglesas, y en toda Europa, excepto
en la tradición francesa, las escuelas de ingeniería no pertenecían a las
universidades.
La realidad hoy es totalmente distinta. Los cursos de
administración, economía y negocios están entre los más procurados por los
estudiantes, y mismo las carreras tradicionales, como el Derecho o la Medicina,
están perdiendo sus características de "profesión liberal" afuera del
mercado, y se comercializando como todas las demás. Las universidades no pueden
pretender educar a sus estudiantes en estas materias si sus propios profesores
viven aislados en su interior, y no tienen experiencia práctica del mercado.
Existen muchas maneras distintas de atender a esta demanda: buscar profesores
con experiencia práctica en el mundo empresarial. permitir o estimular a que
los profesores trabajen en empresas, y complementen sus rentas por este
trabajo. organizar cursos especiales para empleados o dirigentes del sector
privado, dando a estes cursos un trato empresarial distinto de lo de la cultura
administrativa tradicional de las universidades. De esta manera, la cultura
universitaria se aproxima de la cultura de las organizaciones económicas, y
esto tiene, sin duda, reflejos en la organización interna misma de las
instituciones.
Algo semejante pasa con la investigación científica.
América Latina ha desarrollado algo del "ethos" científico europeo y
sobretodo norteamericano, en que el profesor es también un investigador, y su
trabajo de investigación tiene que ver sobretodo con su carrera académica, y no
con los resultados o aplicaciones prácticas de lo que produce. En los países
desarrollados, este sistema fue posible porque, al lado de las universidades,
había un sector privado con fuerte tradición tecnológica propia; y también por
que, sobre todo a partir de la segunda guerra mundial, había un gran establishment
de investigación militar que financiaba proyectos de gran costo y larga
duración, que incluía una parte significativa de la llamada "investigación
básica". La investigación universitaria era entonces una parte de un
conjunto mucho más amplio, que coexistía y cooperaba a pesar de trabajar. a
partir de premisas e ideologías muy distintas, y muchas veces en oposición. El
fin de la guerra fría, combinado con el aumento del valor comercial de los
componentes tecnológicos en los productos industriales, entre otros factores,
llevó a que se esté cambiando drásticamente esta manera tradicional de hacer
ciencia en las universidades. La investigación básica de larga duración pierde
legitimidad y fuentes de financiación, y las universidades pasan a buscar formas
de colaboración con sectores empresariales, o con sectores gubernamentales
orientados hacia resultados prácticos concretos, como forma de mantener activos
sus departamentos de investigación, y dar contenido práctico a la formación de
sus alumnos. La investigación académica, por lo tanto, también asume
características de acción económica, tanto del punto de vista de los contenidos
de las investigaciones, cuando de los tipos de acuerdos y contratos que se
hacen entre las universidades y las empresas o agencias gubernamentales.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario